Hoy en día, y a medida que vamos creciendo, creer en el amor fuera de la familia, no es nada fácil, incluso inalcanzable, si cada
vez que se ofrece nos perdemos en mirar hacia otro lado para conseguir tener
el ego completísimo de opciones postradas ante uno mismo. Es la manera
más fácil y más engañosa que tiene el ser humano de sentirse atractivo,
mientras que por otra parte está sirviendo a un plan del yo más perverso, que
intenta acaparar toda la atención para obtener algo más de lo que puede llegar
a ofrecer por él mismo. Además cuando se habla de amor hacia alguien suele
llegar a confundirse y traspasar las
fronteras de lo absurdo en cuanto a cantidades de pieles y llenados de fondos de saco. Por ello es imprescindible
tener bien claro el límite entre el amor del bueno y el amor malo, también
llamado sexo.
Aunque está muy de moda ahora considerarlo trivial hay zonas
en el cuerpo humano que están dispuestas para cumplir ciertas funciones que
desde siempre han sido grandes generadoras para bien o para mal de importantísimas
sumas que debemos asumir a lo que nos resta de vida preferiblemente apacible.
De todos es sabido que el sexo usado pura y explícitamente
como arma arrojadiza es un elemento capaz de asesinar miles de personas y tener
su mejor coartada en el vacío de la inconsciencia, mientras que el amor solo
sacrifica una vida, la propia, con toda conciencia. Equivocados o no hay una
gran diferencia si es que podemos o nos han educado para verla.
Otra parte importante sería hablar del amor no compartido o
el desamor que se transfiere de una persona no enamorada hacia otra enamorada. Porque hemos de conocer que
el desamor es como una enfermedad que solo la sufren o deben de sufrir los no enamorados, los que no quieren o no
tienen esa capacidad desarrollada.
"El sexo pervierte toda buena costumbre de hacer el amor"
"El sexo pervierte toda buena costumbre de hacer el amor"
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