sábado, 1 de septiembre de 2012

Pubertad: amor en grano


Hoy en día, y a medida que vamos creciendo, creer en el amor fuera de la familia, no es nada fácil, incluso inalcanzable, si cada vez que se ofrece nos perdemos en mirar hacia otro lado para conseguir  tener  el ego completísimo de opciones postradas ante uno mismo. Es la manera más fácil y más engañosa que tiene el ser humano de sentirse atractivo, mientras que por otra parte está sirviendo a un plan del yo más perverso, que intenta acaparar toda la atención para obtener algo más de lo que puede llegar a ofrecer por él mismo. Además cuando se habla de amor hacia alguien suele llegar  a confundirse y traspasar las fronteras de lo absurdo en cuanto a cantidades de pieles y llenados  de fondos de saco. Por ello es imprescindible tener bien claro el límite entre el amor del bueno y el amor malo, también llamado sexo.

Aunque está muy de moda ahora considerarlo trivial hay zonas en el cuerpo humano que están dispuestas para cumplir ciertas funciones que desde siempre han sido grandes generadoras para bien o para mal de importantísimas sumas que debemos asumir a lo que nos resta de vida preferiblemente apacible.

De todos es sabido que el sexo usado pura y explícitamente como arma arrojadiza es un elemento capaz de asesinar miles de personas y tener su mejor coartada en el vacío de la inconsciencia, mientras que el amor solo sacrifica una vida, la propia, con toda conciencia. Equivocados o no hay una gran diferencia si es que podemos o nos han educado para verla.

Otra parte importante sería hablar del amor no compartido o el desamor que se transfiere de una persona  no enamorada  hacia otra enamorada. Porque hemos de conocer que el desamor es como una enfermedad que solo la sufren  o deben de sufrir  los no enamorados, los que no quieren o no tienen esa capacidad desarrollada.

                           "El sexo pervierte toda buena costumbre de hacer el amor"

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